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Seguir siendo yo, dentro del sistema
Mi verdad incómoda
A pesar de haber nacido dentro del sistema, de ser un producto más de él, con muchísima influencia de la cultura del consumo y del rendimiento económico, siempre sentí que ese no era el camino en el que quería vivir.
Una guitarra era suficiente
Mi primera carrera fue música. En ese entonces estaba convencido de que no necesitaba más que una guitarra para ser feliz.
Pero los años pasaron, maduré, y llegaron nuevas preguntas:
¿Y si quiero una familia?
¿De qué voy a vivir?
¿Qué voy a comer?
¿Dónde vamos a dormir?
Lo creativo con salida
Ahí empecé a buscar algo más, así que estudié diseño gráfico industrial. Pensé que era una forma de mantenerme cerca de lo creativo pero con más “salida”. Fue la primera vez que entendí que no podía vivir aislado. Que si quería vivir en este mundo, debía aprender a convivir con personas que sí disfrutan del sistema.
Trabajé muchos años en diseño, publicidad, marketing digital… y seguía sintiéndome ajeno.
Odiaba la idea de crear solo para vender, de poner siempre la venta primero.
Nunca me sentí cómodo.
La ilusión del arte como escape
Cuando empecé a ilustrar creí que sería distinto. Pero noté que también se trataba de crear productos.
Y justo ahí… ya tenía esposa, hijos. Gente que depende de mí.
Y entonces, deja de ser un juego.
La culpa te muerde.
¿Y si no tienen salud? ¿Comida? ¿Educación digna?
Educación, sistema y catarsis
Aunque pienso que el sistema educativo es un producto más —mal diseñado, además— también entendí que el conocimiento es valioso. Y que sin educación, no hay desarrollo.
Estudié pedagogía en artes y, sin buscarlo, empecé a entender muchas cosas que me ahogaron durante años:
cómo fui moldeado, cómo la educación es inevitable, cómo siempre algo o alguien influye en nuestra forma de ver el mundo.
Ahí tuve una catarsis.
Empecé a ver el mundo distinto.
Con propósito.
Como artista, como ilustrador, como educador… y como padre.
Hacer algo desde adentro
Entendí que la creatividad es importante en el sistema.
Y que lo peor que podemos hacer es huir.
Yo tengo una voz. Y si tengo suerte, puede hacer que este mundo sea menos agresivo, menos explotador.
Más respetuoso con quienes no nacimos para poner el capital por delante.
Nunca tuve miedo al dinero. Siempre lo vi como una herramienta.
Pero sí creo que debemos vivir con dignidad y dar a los que amamos la posibilidad de elegir cómo vivir.
Comunidad y sentido
Hoy mis hijos son pequeños.
Pero quiero darles un hogar, salud, pensamiento crítico, creatividad, acceso al conocimiento.
Y sé que no puedo enseñarles todo. Sigo aprendiendo a mis 38 años.
Pero también sé que sí hay personas dentro del sistema que tienen herramientas valiosas.
Y ahí descubrí esta idea de comunidad.
De acompañamiento.
De que sí se puede construir dentro del sistema, aunque suene imposible.
También entendí que el arte —eso que me ha movido toda la vida— es parte del sistema.
Y que quienes lo consumen también lo son.
No tiene sentido ir en contra.
Tiene sentido hacer algo desde adentro.
Poner un grano de arena para cambiarlo.
O al menos, para mejorarlo.
Gracias por estar aquí.
— Dócari

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